Las Buenas Nuevas: antídoto para la “infodemia” del coronavirus

Son tan antiguas como el origen del tiempo, pero por eso mismo podemos aplicarlas en cualquier momento y situación… sobre todo ahorita, ante la avalancha de noticias que nos “clavan” en el problema, en lugar de ayudar a centrarnos en las soluciones, que siempre deben ser el objetivo.

 

Tal vez para muchos esto no sea la solución, pero cuando menos puede aportar tranquilidad. La suficiente para actuar desde la claridad de la paz, y así evitar comportamientos egocéntricos como las compras de pánico que a nadie ayudan en realidad.

 

Con este propósito comparto dos enfoques de una misma verdad: todos somos uno en el miedo que nos provoca el percibirnos como separados, pero también somos uno en el amor que es el único antídoto eficaz para ese miedo, porque es lo único que es eterno y por lo tanto es lo único que es real.

Es exactamente igual como la luz. La luz es lo único verdadero, y por eso la obscuridad no es más que ausencia de luz.

Y esto no es un mero pensamiento positivo. Es una verdad amparada por la ciencia misma. Y es la verdad en la que los primeros cristianos se ampararon para liberarse de todo mal.

Y es la verdad que todavía prevalece, afortunadamente.

 

Desde el enfoque de la Ciencia Cristiana

 

PODEMOS ORAR ANTE LA AMENAZA DE CONTAGIO

 

“¡Hoy, por única vez! ¡Vacunación gratuita contra la gripe!”

Las grandes banderas flameaban con la brisa de fines del otoño y parecían ser eficaces. Muchos autos estaban entrando a la gran cadena de farmacias cerca de mi casa. Al pasar con el coche, pensé cuán fácil es suponer que es natural, hasta inevitable, contraer enfermedades contagiosas, especialmente durante el invierno.

Cuidar de nuestra salud es importante. Para muchas personas, las vacunaciones y prescripciones según la estación del año son una forma de hacerlo, y yo ciertamente respeto y apoyo a quienes toman esa decisión. Pero en mi propia experiencia, he descubierto que por medio de la Ciencia Cristiana es posible desafiar de modo permanente las suposiciones de que puedo enfermarme, y hacerlo me ha traído una salud más estable y duradera.

La oración basada en la comprensión espiritual de Dios siempre ha sido una forma eficaz y confiable de cuidar de mi salud.

¿Te preguntas cómo puede ayudar este tipo de oración? En mi experiencia personal, he visto que esta oración nos hace estar conscientes de un punto de vista radicalmente diferente de nuestra vida y del mundo a nuestro alrededor. Esta perspectiva espiritual se basa en reconocer a Dios como la Vida divina; totalmente buena y la fuente de toda armonía.

Puesto que la Vida es del todo buena, causa sólo el bien y mantiene la armonía en toda su creación, y es, por lo tanto, el origen de la salud en lugar de la enfermedad, el origen de la vitalidad en lugar de la vulnerabilidad.

Y cuando este hecho es comprendido, tiene efectos prácticos, entre ellos, ser una protección contra el contagio.

Si bien quizá generalmente pensemos que la salud es una condición variable de un cuerpo físico, la salud es, de hecho, una cualidad espiritual invariable cuya fuente es Dios. Es permanente. Él la sostiene y la mantiene en cada uno de nosotros en todas las estaciones y circunstancias. Y podemos probar esto en nuestra vida diaria de una manera que nos permite comenzar a sentir que la salud, no la enfermedad, es lo normal.

Podemos enfrentar el temor a “pescarnos” algo manteniendo con firmeza no sólo lo que es verdad acerca de Dios, sino también algunas verdades básicas acerca de nosotros mismos; por ejemplo, que Dios por ser la Vida divina nos hizo a imagen de la Vida; la expresión misma de todo lo que es la Vida divina.

Así que, como la imagen de la Vida que es Dios, nunca podríamos ceder a ser menos que la representación exacta de esta Vida perfecta: espiritual y sana, segura y vital en todas las estaciones del año.

Este tipo de defensa centrada por medio de la oración es algo que podemos emprender a diario, para que todo nuestro concepto acerca de la vida comience a cambiar. Empezamos a vernos a nosotros mismos más constantemente como la semejanza de esta Vida divina; como fundamentalmente espirituales e invulnerables.

Esto nos capacita para combatir el temor a enfermarnos y para rebatir las numerosas y tan generalizadas suposiciones acerca del contagio. Nos permite refutar rápida y eficazmente todo detalle acerca de las enfermedades infecciosas que nos llega, ya sea través de las noticias, las conversaciones durante el almuerzo o los medios sociales; o incluso los pensamientos que parecen ser nuestros.

Esto es más que mero pensamiento positivo. Es la clase de oración que Mary Baker Eddy, la Descubridora de la Ciencia Cristiana, le atribuye a Cristo Jesús cuando dice que “eran declaraciones profundas y concienzudas de la Verdad, de la semejanza del hombre con Dios y de la unidad del hombre con la Verdad y el Amor” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 12).

La gente me ha preguntado si ese tipo de  oraciones “profundas y concienzudas” pueden realmente ser eficaces tanto para prevenir como para lidiar con el contagio. Siento gratitud porque puedo responder que sí. Lo son, y lo he visto en mi propia vida.

Durante años, me había preocupado el hecho de contraer un resfrío o tal vez una gripe durante el invierno. Y a veces así fue. Pero al profundizar mis propias “declaraciones de la Verdad” y mi comprensión mediante la oración, he podido contrarrestar ese temor y vencer la sugestión de que el contagio es inevitable, al ver y aceptar únicamente la creación perfecta de Dios; solo Su naturaleza como la Vida divina expresada en vitalidad, salud y libertad.

A medida que he comprendido más acerca de la omnipotencia divina, y la impotencia de todo lo que es desemejante a Dios, mis preocupaciones por las estaciones y la aparición de resfríos y síntomas de gripe se han disuelto gradualmente, y me he sentido alentado por el hecho de que ya hace varios años que no tengo ningún síntoma de enfermedades relativas a las estaciones o contagiosas.

¿Coincidencia? ¿Buena suerte? ¿Evidencias de una “constitución saludable”? La verdad es que pienso que esta libertad que acabo de encontrar confirma y afirma la realidad espiritual de que Dios mantiene nuestra salud e integridad.

¿Qué nos impediría reconocer esto? He descubierto que es útil considerar los elementos mentales que pueden pesar en contra de nuestra convicción de que la salud es realmente nuestro estado natural de la existencia, y una de esas influencias es el temor.

Por ejemplo, la exposición constante a la cobertura de los medios acerca de las enfermedades contagiosas puede impulsar el frenesí del temor y realmente tener un impacto negativo en la salud humana. Ciencia y Salud habla claramente acerca de este tema cuando dice: “El temor es la fuente de la enfermedad, …” (pág. 391).

En vista del ciclo de 24 horas de noticias en la actualidad, me parece obvio que podemos experimentar un impacto positivo al tomar a diario una “dosis” de la paz y el poder espirituales que posee cada uno. La oración puede sacarnos del torbellino del temor, y ser una influencia sanadora y tranquilizadora en nuestras comunidades también.

Por más extendido que pueda estar un contagio —incluso si rodea todo el globo— nunca será más poderoso que la presencia intacta de la Vida divina que todo lo envuelve, que nos abraza a cada uno de nosotros en su seguridad y cuidado. Y nuestro constante reconocimiento de este hecho para todos, en todas partes, hace posible, aquí y ahora, que veamos evidencias de que solo Dios verdaderamente gobierna y sostiene nuestra salud.

 

** Escrito por Kevin Graunke, y publicado en línea el 2 de marzo de 2020, en “El Heraldo de la Ciencia Cristiana”.

 

Desde el enfoque de Un Curso de Milagros

 

MI ÚNICO PROBLEMA YA ESTÁ RESUELTO

 

Si estás dispuesto a reconocer todos tus problemas, reconocerás que en realidad no tienes ninguno.

Tu problema central YA ESTÁ RESUELTO y en realidad no tienes ningún otro.

Por lo tanto, lo único que naturalmente te corresponde sentir es paz.

Tu sanación, pues, depende de que reconozcas que la separación es en realidad tu único problema y de que entiendas que este problema YA ESTÁ RESUELTO, porque todos estamos unidos a todo lo amoroso del Todopoderoso Dios que es nuestro verdadero hogar, y es nuestro Padre-Madre que nos provee de todo lo amoroso a todos por igual todo el tiempo.

Un único problema, una única solución.

La sanación ya está consumada, desde que comenzó la idea del tiempo.

Así que en realidad YA ESTÁS LIBRE de todo conflicto.

Acepta este hecho, y estarás listo para ocupar el puesto que te corresponde en el plan de Dios para la salvación.

 

¡Mi único problema ya está resuelto!

Repite esto una y otra vez a lo largo del día, con gratitud y convicción, con gozo y alegría.

 

Has reconocido tu único problema, dándole así paso al Espíritu Santo para que te dé la respuesta de Dios:

Le das cabida a la luz de la verdad y entonces, la decepción queda de lado.

Aceptas la salvación para ti mismo al llevar el problema a la solución.

Aceptas la sanidad en ti al entregar el problema a la solución, es decir, al retornar las apariencias dolorosas de la separación a la amorosa verdad de la unión inquebrantable y eterna.

Entonces puedes reconocer que YA ESTÁ RESUELTO, pues la unión con todo lo amoroso del Todopoderoso Dios que es nuestro Padre-Madre es verdad eternamente.

Tienes derecho a la paz entonces.

Un problema que ya está resuelto no te puede perturbar.

Asegúrate únicamente de no olvidarte de que todos los problemas son uno solo. Sus múltiples formas dejarán de seguir engañándote siempre y cuando te acuerdes de esto.

“Un único problema, una única solución. Acepto la paz que me brinda esta sencilla afirmación.”

 

Reivindicamos la paz que inevitablemente es de todos nosotros una vez que reconciliamos el problema con la solución. El problema desaparece de nuestra conciencia porque la solución que Dios nos dio es eterna, así que nunca falla. Al reconocer el problema reconozco la solución. La solución está implícita en el problema. Se me ha contestado y le he dado cabida a la respuesta. Estoy a salvo. Estamos a salvo.

 

TODOS mis problemas ya están resueltos en verdad. Sigo siendo tal como Dios nos creó. Sigo siendo Su imagen y semejanza, y por lo tanto, estoy libre y en paz.

Y cada que un problema me tiente a perder mi tranquilidad, recuerdo:

MI ÚNICO PROBLEMA YA ESTÁ RESUELTO

En esto reside la simplicidad de la sanación: la separación es simplemente ausencia de unión. La unión es real, la separación es aparente. Esta es la verdad. Por eso es por lo que la eficacia de la verdad está garantizada. Por eso es por lo que la verdad nos libera.

MI ÚNICO PROBLEMA YA ESTÁ RESUELTO

Repite esto con frecuencia. Repítelo con absoluta convicción y agradecimiento tan a menudo como sea posible. Y en particular, asegúrate de aplicar esta idea a cualquier problema concreto que pueda surgir. DE INMEDIATO recuerda: MI ÚNICO PROBLEMA YA ESTÁ RESUELTO.

Y entonces entrégalo, para que retorne y retornemos todos a lo amoroso, que es lo único que existe permanentemente, y es lo único que en realidad queremos.

Y de esta manera dejamos de acumular resentimientos, dejamos de acumular impurezas. De esta manera permanecemos libres de problemas que no existen en realidad.

Y para lograr esto únicamente se requiere honestidad. Deja de engañarte con respecto a cuál es el problema, y entonces reconocerás que tu único problema ya está resuelto.

Amén.

Así es y así sea.

 

** Adaptación de Alma Delia Martínez Cobián a la Lección 80 del Libro de Ejercicios de “Un Curso de Milagros”, para el día 80 de 2020 –Viernes 20 de Marzo–.

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