¿La oscuridad y la luz son una, igual como la muerte y la vida son una?

Esto es verdad. Sólo aparentemente. Es decir, sólo aquí en el mundo de lo aparente, de lo temporal…

En el mundo de lo eterno, de lo verdaderamente verdadero, únicamente existe la luz, la vida. Y así, sin mayúscula, porque no existe necesidad de diferenciarlas con respecto a nada, a ninguna nada.

Sin embargo aquí, en este mundo dual, donde siempre hay que decidir entre dos opciones, una aparente y la otra verdadera, se requiere distinguir para poder elegir realmente, es decir, elegir entre lo real –lo eterno—y lo ilusorio –lo temporal–.

Así, cuando digamos “elijo vivir la vida”, sabremos que nos referimos a vivir una vida de apariencias temporales. En cambio, cuando declaremos “elijo vivir la Vida”, estaremos decidiéndonos por vivir lo verdadero, lo eterno, lo infinito, lo inmutable, lo invulnerable, lo que no se destruye y ni siquiera se altera o se modifica, igual como la Luz, que no es destruida ni modificada por la oscuridad temporal de este mundo temporal.

¿Hasta cuándo será necesario seguir eligiendo?

Hasta que nos demos cuenta que tanto la luz como la oscuridad forman parte de nuestro mundo temporal que temporalmente fabricamos con nuestra mente minúscula, con esa que se cree separada de la Mente mayúscula, la que únicamente piensa lo eterno, lo verdadero, porque es la única que existe eternamente, o lo que es lo mismo, verdaderamente.

Esta Mente Única únicamente piensa lo luminoso, es decir, lo verdadero –lo eterno–, o lo que es lo mismo, esta Mente Única únicamente piensa lo cristalino, lo diáfano, lo puro, lo santo, lo amoroso.

Es decir que esta Mente no piensa, sino más bien ama y de esta manera extiende infinitamente lo amoroso. En otras palabras, esta Mente ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma a Sí Misma en lo igualmente amoroso, puro, santo, sano, impecable; lo semejante a Sí Misma.

En conclusión, únicamente lo amoroso existe verdaderamente. Todo lo demás es aparente, es temporal.

Así, cuando aquí en este mundo temporalmente material decimos “siempre pasa algo que frustra la materialización de mis pensamientos amorosos”, estamos declarando una “verdad” temporal, es decir, una verdad que solamente aquí en este mundo de apariencias temporales aparenta ser real.

Así que sí, en este mundo temporal es real que “siempre pasa algo” que frustra nuestra experiencia, nuestra vivencia de lo amoroso, de lo verdaderamente amoroso, de lo amorosamente verdadero.

“Siempre pasa”. Así que déjalo pasar. No te aferres a eso que es pasajero. Quédate con lo eterno, con lo infinito, con lo verdadero, con lo luminoso, que siempre re-aparece, porque únicamente desapareció de tu consciencia, de tu vista, de tu limitada visión. No se fue a ninguna parte. Sigue ahí y seguirá ahí. Tú eliges. Siempre. Y siempre aquí y ahora. Siempre aquí –en este mundo donde es necesario elegir—y siempre ahora –en el presente, que es el único tiempo que en verdad existe-.

Perdónate por haberte aferrado a una simple apariencia y elige de nuevo. Elige quedarte con lo verdadero, con lo eterno, con lo inmutable, con lo invulnerable, con lo indestructible y únicamente constructivo… con lo provechoso, lo benéfico, lo bueno, lo bondadoso, lo amoroso… y amorosamente, tranquilamente, gustosamente, alegremente.

Todo lo pasajero ha pasado ya, y en su lugar, únicamente queda lo eterno, lo amoroso, en ti y en todo, en ti y en todos.

 

AlmaMC

Diciembre de 2018, en CDMX

 

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