Coronavirus: la verdad nos hará libres

…pero no me refiero a la verdad sobre el número de infectados y los índices de mortalidad. No. Me refiero a esa verdad con la que hace más de 2 mil años un Nazareno brindó auxilio a quienes no tenían ninguna otra opción.

 

Después de todo hoy, igual que entonces, hay muchos que no tienen opción, ante la incapacidad de los hospitales de atender a los infectados.

 

El virus no es más mortal que el virus de la gripe. Es cierto. Pero también es cierto que se contagia más fácilmente. Esta es la complicación. Al haber más infectados en menor tiempo, los hospitales se ven imposibilitados para atender a los enfermos. Y si la enfermedad no se atiende, entonces la enfermedad se puede volver mortal.

Aquí es donde se agradece la fortuna de que la enfermedad se pueda atender de una manera no convencional, es decir, sin utilizar recursos externos –de los que no se dispone o son escasos– sino un recurso interno –con el que siempre se cuenta, y abundantemente–.

¿Y qué eso con lo que siempre contamos?

Con nosotros mismos. Con lo que somos. Con lo que somos en verdad, más allá de nuestras apariencias físicas.

¿Y qué es lo que en verdad somos?

¿Qué es lo que somos más allá de nuestras apariencias físicas?

Pura energía pura. Pura energía indestructible y únicamente transformadora, constructiva, creativa.

Lo sabemos desde muy temprana edad. Nos lo enseñan en la escuela. Y ya de adultos nos lo refuerza el conocimiento de quienes creemos que saben descifrar los misterios de la vida.

Los científicos nos dicen que “la energía no se crea ni se destruye”, y por lo tanto es eterna, y si es eterna, entonces es infinita, y si es infinita, entonces está en todo y en todos, y si está en todo y en todos, entonces está en mí y alrededor de mí.

Entonces energía es lo que soy, y al mismo tiempo es lo que tengo, todo el tiempo, aquí y ahora y en todo momento, lugar y circunstancia. Y esa energía es infinita y eternamente transformadora.

Entonces con esa energía que soy y que tengo a mi disposición puedo transformar mi realidad o, en otras palabras, puedo darle forma a lo que sea que esté experimentando en mi vida, en mi mundo.

¿Suena demasiado sencillo para ser cierto? Lo es.

La complicación surge porque nos hemos confundido y fundido con nuestros cuerpos y todos los cuerpos alrededor que, según la propia ciencia, aparentan ser sólidos, pero en realidad son pura energía pura.

Nuestro problema entonces es un problema de creencia. Es un problema de fe, porque ¿qué es la fe? “La certeza de lo que no se ve”.

Es decir que para vivir todo el poder de la energía que soy y que tengo a mi disposición, tengo que dejar de confiar en mis sentidos y confiar en aquello que mis sentidos no pueden percibir.

Pero esto por supuesto nos produce miedo, y entramos entonces en un círculo vicioso del que afortunadamente se puede salir, por virtud de la verdad de lo que somos y seguiremos siendo, independientemente de que lo creamos o no.

¿Cómo salimos del círculo vicioso que nos lleva al miedo?

Renunciando al ego, es decir, a la parte de nuestra mente que nos dice que somos cuerpos separados, vulnerables y destruibles, y dejándonos conducir por la parte de nuestra mente que nos dice que somos un solo Espíritu, indestructible e invulnerable.

Y al hacer esto no estamos sacrificando nada, sino ganando todo, tal como lo dice la Lección Teórica de “Un Curso de Milagros” para el día de hoy, Viernes 13 de 2020, cuyo título es “La confusión entre dicha y dolor”.

Precisamente estamos confundidos. Por eso el Curso de Milagros enfatiza “El Espíritu nunca exige sacrificios, el ego, en cambio, siempre los exige”. 

En otras palabras, el ego siempre pide que sacrifiquemos la fortaleza de nuestro verdadero Ser, para quedarnos con la debilidad de nuestro cuerpo y de todos los cuerpos que lo rodean. ¿No es esto una locura?

Es una locura querer negarme a todo lo amoroso que soy y que tengo eternamente. Pero afortunadamente puedo elegir sanar. Puedo elegir la cordura.

Puedo elegir alinearme con la amorosa Voluntad del Todo-poderoso de compartirse amorosamente con todos, incluyéndome a mí.

Lección 73 del Libro de Ejercicios diarios de “Un Curso de Milagros”.

¿Por qué habría de negarme a todo lo amoroso que la Voluntad Suprema del Todo dispone para mí y para todos?

Además, tal como lo afirma el Curso de Milagros “Su Voluntad no es un deseo trivial y tu identificación con Su Voluntad no es algo optativo, puesto que es lo que eres”.

De hecho esto es el origen del error fundamental –o “pecado original”–, es decir, creer que pudimos y podemos separarnos de la amorosa Voluntad del Todopoderoso, lo cual es completamente imposible, si es que efectivamente el Todo es el Todo.

Afortunadamente el Curso proporciona la corrección de este error fundamental –el perdón del “pecado original” y por consiguiente, el perdón de todos los “pecados”–:

“La única manera de escaparse del error es decidiendo que no tienes nada que decidir. Se te dio todo porque así lo dispuso Dios. Ésa es Su Voluntad y tú no puedes revocar lo que Él dispone.”

Incluso el Curso va mucho más allá, pues más adelante afirma: “tú eres la Voluntad de Dios.”

Y si lo meditas detenidamente, te darás cuenta de que tiene lógica. Aquello que es eterno e infinito únicamente puede ser vida, y lo que es vida únicamente puede extender vida. Luego entonces la voluntad de la Vida es dar vida. La voluntad de la Vida es darle vida a todos los seres vivos. Como tú.

Pero si tu ego insiste en que no puedes ser tan especial como para que seas la Voluntad de Dios, está en lo cierto. No eres especial. Eres Su imagen y semejanza, igual que todos y junto con todos.

Esta es la verdad. La eterna verdad. La infinita verdad. La infinitamente amorosa verdad que es la que nos libera de todo mal, de todo malestar.

Esta es el poderoso antídoto, la poderosa vacuna que hace más de 2 mil años un Nazareno aplicó en auxilio de quienes no tenían opciones y que, ahora, ante las actuales circunstancias que colectivamente hemos ido forjando, podemos utilizar.

 

Artículo escrito por Alma Delia Martínez Cobián, estudiante practicante de “Un Curso de Milagros”, y promotora del Desarrollo Humano a través del Arte y la Educación Holística.

 

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