A los tristes amores mal nacidos…

Con especial dedicatoria a Max Mejía y a todos los que diariamente siguen aportando para que el amor gay deje de ser triste y mal nacido, como lo plasma en su canción Silvio Rodríguez…

Justo cuando me dispongo a escribir mi reseña sobre la película de romance gay adolescente “Yo soy Simón”, basada en la novela homónima convertida en best seller, recibo por Facebook la notificación de un predicador religioso norteamericano de 22 años, quien afirma que “hay que matar a los gays pero humanamente”, amparándose en que la homosexualidad “da asco y además no solamente es un crimen, sino el peor crimen de todos los crímenes que han existido”, y aún así, merece la conmiseración de, “en lugar de matarlos a pedradas como lo dice el antiguo testamento, el gobierno debe buscar métodos de ejecución mas humanos”.

No importa. Esto sólo es un simple recordatorio de la locura que todavía nos queda por sanar; es como la arena en las zandalias que uno se saca cuando quiere seguir disfrutando de una agradable y merecida caminata por la playa.

Prosigo entonces con mi propósito creativo, constructivo, benéfico, amoroso, de reseñar una película que habla precisamente del amor, en estos tiempos y entre las nuevas generaciones.

“Todos merecemos una gran historia de amor”, afirma el slogan publicitario de esta comedia de romance homosexual adolescente que, más allá de la calidad del trabajo actoral, sobre todo de su protagonista –un excelente Nick Robinson, en el papel de Simón–, y del director, Greg Berlanti, sobresale por abordar una temática que en estos momentos se vuelve importante, ante la gran cantidad de suicidios que se han estado registrando entre la población juvenil en los Estados Unidos.

Tema nada agradable sin duda, también ha propiciado el que se visibilice “otra cara de la moneda” más amable y esperanzadora.

Así, “Yo soy Simón”, presenta y representa una luz ante la intolerancia y la violencia de la homofobia que todavía persiste en ciertos sectores de la población, en la nación que sigue siendo el país más poderoso del orbe y, por lo tanto, gran influencia para nuestro México y, sobre todo, para la región fronteriza Tijuana-San Diego que nos tocó vivir.

Por ello, darme cuenta que la película no únicamente tuvo gran acogida en taquilla –lo cual le valió permanecer en la cartelera de los cines locales casi 3 meses–, sino la respuesta del numeroso público asistente, quienes aplaudían durante el “clásico final feliz hollywoodense” presente en todo drama romántico, fue un verdadero gozo inesperado.

Una verdadera celebración, pues, de la Diversidad, que no de las diferencias. Colectiva y abierta.

Y precisamente coincidiendo con esto, poco después de concluir su extensa temporada en cartelera, en la ciudad se llevaron a cabo una serie de eventos para visibilizar la Diversidad Sexual en la región Tijuana-SanDiego, dos de ellos realizados por primera vez, y el otro en su octava edición.

Me refiero al 1er Día Lésbico en Tijuana, así como a “Orgullo sin fronteras”, 1er foro de análisis bi-nacional sobre derechos humanos de las personas trans en ambos lados de la frontera, los cuales formaron parte y/o contaron con el apoyo de la Jornada por la Diversidad Sexual que desde hace 8 años organiza el COCUT, asociación civil dedicada a atender a la comunidad LGBTI de esta región fronteriza, desde el ámbito cultural.

Independientemente de los resultados logrados, en lo referente a asistencia y participación del público, o a lo nutrido y variado de la oferta brindada en todos estos eventos, lo enormemente valioso es el espíritu humanista que los anima a todos, y que ojalá los siga impulsando no nada más a continuar, sino a crecer y multiplicarse, como es derecho inalienable de todo organismo viviente y vital en este nuestro mundo que habitamos todos.

Precisamente porque “todos merecemos una gran historia de amor”, apoyemos este tipo de actividades y obras producto de la creatividad humana.

Celebremos juntos la diversidad en la totalidad, la unión en las diferencias, para que, cada vez más claramente, veamos concretado ese brillante futuro que el poeta sonorense Abigael Bohórquez vislumbró en su bellísimo “Poesida”, llevado a escena por Max Mejía, insustituible activista, promotor cultural y artista que hizo de Tijuana su casa, su laboratorio y su trinchera.

A él precisamente quiero dedicarle estos últimos versos de ese poemario, inolvidables:

Cuando el alba aletee otra vez

y vuelva al mundo la claridad,

y quizá ya no exista,

y los jóvenes asuman nuevamente

la fuerza comosea del amor,

en el sexo cualquiera,

y el AIDS sea un slogan de los ochentas,

habré de ver qué digo

de donde esté:

Lázaro resucita cada día,

entre los minerales del estiércol,

y la paloma de la masacre

volverá a hacer pichones

bajo el cielo.

Suéltenlos, entonces, para que vuelen libres… y gozosos.

Así sea.

Alma Delia Martínez Cobián 

(Tijuana, Baja California, a Sábado 2 de Junio de 2018, justo en el lanzamiento de la primera edición de Bitácora Cultural MX)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *