Tobías en el fin del mundo: una obra para reflexionar sobre la esperanza

Con una breve temporada en el Foro 37 de la Zona Rosa, el tema de esta obra escrita y protagonizada por el ensenadense Goyo Carrillo –quien además estuvo presentando exitosamente “Dante Gaspar, un hombre en aguas peligrosas”, otro texto suyo, en la programación mensual del Centro Cultural del Bosque–, me resultó no solamente familiar sino verdaderamente escabroso…

 

DESDE MI BUTACA
Por Alma Delia Martínez Cobián

 

Me explico.

Durante mis años en la Universidad, y luego del truene amoroso que cambió mi vida, esa palabrita llegó a ser realmente abominable.

“¿Esperanza?… ¡Nunca más!”, juré y perjuré, hastiada de esperar lo que evidentemente nunca llegó.

Y entonces esa sensación, que el protagonista de la obra retrata tan bien, de haber sido traicionada por el mismísimo dios (así, con minúsculas), en una suerte de historia de película romántica, pero sin final feliz.

El “dios bueno” que significa el nombre Tobías, en realidad es ese dios “ojete” que muchos hemos concebido pero que no nos atrevemos a etiquetar con tal desparpajo, por miedo a la condenación eterna.

Así, sin desparpajo y de una manera que a ratos parece simplista, la obra “toma por los cuernos” un tema realmente simple pero complicado por todas las implicaciones que le hemos agregado todos, a lo largo de toda la historia: nuestra relación con la divinidad, que se supone es nuestra esencia y nuestro origen.

Rabia nacida de la impotencia es lo que se percibe entonces en el protagonista.

Rabia que al final sucumbe cuando se derrumba también la expectativa, cuando surge la paradoja: esperanza que resurge cuando se deja de esperar.

Y es que la mierda ocurre, eso es cierto, muchas veces. Tal como nos lo machaca una y otra vez Tobías. Pero también ocurre lo amable, lo agradable, lo vital. Y mayormente. El truco es ver dónde está el truco, para sacar del sombrero mágico lo que queremos que salga, lo que escogemos que salga. Nosotros somos el mago. Nosotros somos El Onírico Hashmalim, interpretado deliciosamente por un Javier Ballesteros que ahora reaparece en los escenarios tras haberse “esfumado” misteriosamente y por muchos años.

Nosotros somos ese prestidigitador que aparece y desaparece lo que sueña a voluntad. ¿Sueñas con mierda? ¿La invocas a cada momento? Concedido. Eso es lo que tendrás.

La felicidad no es una concesión, es una elección. Lo hemos escuchado muchas veces. Incluso hoy mismo, por la noche, antes de dormir, navegando por youtube, me topo con la plática TEDx de un influyente y muy gracioso columnista dominicano que desde muy temprana edad se propuso seriamente ser feliz, harto de ser rechazado cada vez que chillaba y pataleaba, y de adulto le ha servido como el mantram que lo ha sacado adelante incluso tras un cáncer y el asesinato de su padre.

Y sin embargo seguimos creyendo que es amoroso desearle al prójimo que Dios (así, con mayúsculas) le conceda todo cúmulo de felicidades, sin darnos cuenta de la paradoja. Si Dios puede concedernos todo lo bueno, entonces también puede negárnoslo.

Un padre verdaderamente amoroso se afana en educar a su hijo para que sea autosuficiente, independiente, libre, pleno… ¿Por qué entonces exigimos que Dios nos trate como retrasados mentales, como lisiados, como incapaces, como menesterosos, y nos encabronamos porque no lo hace?

Cada quien tenemos el poder. El poder de decidir. De decidirnos por la desesperación, como Danika, la motivadora que no puede motivarse ni a ella misma –una sobresaliente actuación de Alejandra Yáñez–; o por la esperanza, como nuestro héroe Tobías, que finalmente, luego de su redención, retorna a ser lo que realmente siempre fue y seguirá siendo… un “dios bueno”.

( Por si quieren echarle un vistazo a la plática que comenté líneas arriba, aquí se las comparto: “Hay que tomarse en serio la felicidad” | Freddy Ginebra Giudicelli | TEDxSantoDomingo. Publicado por TEDx Talks el 26 de Enero de 2017. https://www.youtube.com/watch?v=OlxX_EvS62k )

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