Sentirse solo o sentirse a solas con nuestra Divinidad

¿Cuál es la diferencia entre una especie de “confinamiento solitario” y una soledad sagrada con nuestro Ser Supremo?

 

DIARIO CONFORTADOR
Primeros auxilios espirituales en tiempos de cuarentena

 

Si buscamos la palabra “soledad” en el Internet, podemos encontrar desde artículos acerca de la necesidad básica de conexión e interacción social, hasta advertencias acerca de cómo sentirse solo puede aumentar las probabilidades de enfermar.

 

Mientras que la inclusión es por lo regular el objetivo, parecer ser que la exclusión es lo más común.

El término solitario sugiere un estado de ser que está alejado de todo lo demás. La palabra es definida como una falta de compañía, una sensación depresiva de impotencia, y una confusa noción de que el hecho básico de la condición humana es vivir en soledad.

La soledad trae consigo la sensación de distancia, la sensación de haber sido arrojado a un mundo sin compasión ni cohesión. El mundo parece ser una gran familia, pero de la cual no formamos parte. 

Si nos suscribimos a un concepto material y mortal de la vida, nada se siente permanentemente conectado; las cosas parecen estar en constante competencia por ganar nuestra atención y la gente es etiquetada como perdedores o ganadores. Este punto de vista trae consigo muchas formas de soledad.

Estar a solas, por otra parte, es diferente. Me encanta la seguridad que recibo en oración de que el ser humano, como imagen y semejanza del Amor divino, del Espíritu, no puede ser removido de la maravillosa plenitud de la creación espiritual, ni puede ser cortada su unión con la fuente de todo lo amoroso.

El Espíritu llena todo el espacio pues Dios es Todo-en-todo. Y es eterno. Así que la creación fue, es y siempre será el Espíritu Divino, la Mente Divina, proporcionando infinito autoconocimiento y alegría sin fin.

Ya que Dios es Todo-en-todo y Dios es Amor, la vida entonces tiene que ver con la circulación y el desenvolvimiento del amor. Es imposible mantener al Amor fuera de su propia creación y bloquear Su expresión.

Creo que la razón de la felicidad y la satisfacción se puede encontrar en este sorprendente consejo de Cristo Jesús:Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:29-30). Explica que la generosidad es la forma de vivir una vida de realización y propósito. La pesadez del pensamiento egocéntrico –que es en sí mismo solitario– no sólo se alivia, sino que se elimina cuando se expone a la presencia brillante de la consagración espiritual, de la com-unión con el Espíritu.

Uno puede argumentar que Cristo Jesús fue la persona más solitaria sobre el planeta. Como el primer Cristiano de su tiempo, fue incomprendido, menospreciado y atacado por su trabajo de curación. Aunque sabemos que tuvo un grupo de discípulos, a menudo estaba solo; sin embargo la Biblia no menciona que estuviera solitario.

¿Así que cuál es el yugo “ligero” del que Cristo Jesús habla? Seguramente está hablando de una disciplina estricta pero alegre de aceptación de que el Amor, el Espíritu, es todo y el hombre es el reflejo perfecto y satisfecho de ese Amor, uno con Dios, uno con el bien.

El ser humano no es absorbido en la totalidad de Dios, sino que refleja Sus bondades sin interrupción en poder, control, y fuerza.

En conclusión, la sensación de estar en un “confinamiento solitario” se disipará en la medida en que nos demos cuenta de que las ideas del Amor, Dios, son verdaderamente una familia que siempre nos acompaña. 

Y así, la soledad sagrada iluminará nuestra dulce unidad con el Amor que es Dios.

Alma Delia Martínez Cobián. Lunes 13 de Abril de 2020. CDMX, durante la cuarentena sanitaria mundial.

* Traducción y edición a un extracto del artículo escrito por Annette Kreutziger-Herr, publicado en el ejemplar del 22 de Abril de 2020 del Christian Science Sentinel (click aquí para leerlo completo –en inglés–).

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