Sacarnos de la soledad: la promesa de la Pascua

Hace poco, la soledad fue declarada una epidemia en los Estados Unidos, cuando el senador Ben Sasse la llamó la “crisis de salud número uno” de la nación. Y en el Reino Unido, la gravedad del problema provocó el nombramiento de un ministro de soledad.

En estos tiempos de confinamiento ante una contingencia sanitaria mundial, el problema se ha agravado pero, como bien dice el dicho: “a grandes problemas, grandes soluciones”…

 

DIARIO CONFORTADOR
Primeros auxilios espirituales en tiempos de cuarentena

 

“Al pensar en la soledad, tanto en el ámbito individual como global, recientemente encontré renovada inspiración en la historia de la Pascua.

 

No comienza con mucha alegría. En la Biblia, en el libro de Mateo, leemos que antes de la crucifixión de Jesús, sus discípulos se quedaron dormidos cuando les pidió que oraran con él. Luego, uno de ellos lo traicionó y otro negó conocerlo. Jesús fue crucificado, colgado de una cruz para morir entre dos ladrones. Regalaron sus prendas, y pusieron su cuerpo en una tumba sellada por una roca pesada. Sin duda, estos fueron una serie de sucesos extremadamente solitarios.

Sin embargo, recientemente se me ocurrió que ese tiempo en la tumba fue sagrado para Jesús, un tiempo para que él comulgara con su Padre celestial, Dios. Él se levantó de entre los muertos, y como la fundadora de la revista El Heraldo, Mary Baker Eddy, escribe en su libro Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras: “El recinto solitario de la tumba le dio a Jesús un refugio contra sus enemigos, un lugar en el cual resolver el gran problema del ser… Él comprobó que la Vida es imperecedera y que el Amor es el amo del odio” (pág. 44)

Jesús pasó por esta experiencia inconcebiblemente difícil solo, sin ninguna ayuda humana. Sin embargo, al estar “solo” con Dios, alcanzó un sentido muy claro de la naturaleza de Dios como la Vida y el Amor eternos, lo cual le permitió elevarse por encima del odio que el mundo sentía contra lo que él representaba, y triunfar sobre la muerte, demostrando para todos y para todos los tiempos por venir, el poder absoluto de Dios y la promesa de la capacidad de la bondad divina para vencer todo mal.

Ciertamente, no es probable que en este tiempo experimentemos nada parecido a estas circunstancias en nuestras vidas. Pero incluso en una escala mucho más pequeña, el rechazo, el desacuerdo o la pérdida pueden hacernos sentir aislados y solos.

Ciertamente también, la historia de la Pascua no se enfoca en superar la soledad; se trata de Jesús y su demostración de la supremacía del poder de Dios sobre cada argumento que dice que nuestra vida está separada de Dios, e incluso sobre la muerte misma.

Ya sea que estemos orando para salir de la soledad nosotros mismos o para ayudar a eliminar este problema del mundo, la promesa siempre naciente de la Pascua puede resucitar nuestro pensamiento de la oscuridad y la desesperación hacia la luz y la paz.”

 

Estas son, entonces, las lecciones que la Pascua nos ofrece, y que nos pueden ayudar a “resucitar” nuestra paz, nuestra tranquilidad, nuestro bienestar pleno, en estos tiempos en que lo requerimos tanto:

 

  1. La Vida eterna, que es nuestra verdadera vida, es imperecedera.
  2. El Amor divino, que es el único verdadero porque es el único que es infinito y por lo tanto total e incondicional, es el amo del odio.
  3. Dios, al ser el Todopoderoso, es el poder absoluto, y al ser eterno, es el Amor mismo, pues no tiene necesidad ni de atacar ni de defenderse, simplemente vive en paz y es la Vida misma, que vive infinitamente, abarcando todo, amorosamente. Entonces, efectivamente, Dios es la Vida y el Amor eternos.
  4. El poder de Dios es absoluto y es totalmente amoroso, bondadoso; por lo tanto, la capacidad de la bondad divina para vencer todo mal es todopoderosa.
  5. El poder de Dios tiene supremacía sobre cada argumento que dice que nuestra vida está separada de Dios. Estamos completamente unidos a Dios, el Todo. Es imposible que no formemos parte de Él entonces. 
  6. El poder de Dios, que es un poder divino, espiritual, tiene supremacía sobre lo terrenal, lo material, y la muerte forma parte de esto. Por eso, el poder de Dios tiene poder sobre la muerte misma.

 

Finalmente y como conclusión, la soledad no es un castigo o una imposición que debemos soportar… la soledad nos brinda la oportunidad de refugiarnos de nuestros “enemigos”, de nuestros “demonios”, y así tener la tranquilidad suficiente para lograr que toda nuestra bondad inherente vuelva a emerger, que salga otra vez a la luz… que “resucite”.

Es esta entonces una soledad amorosa y amable que, por supuesto, podemos agradecer.

Porque definitivamente, hay mucha diferencia entre estar a solas y sentirse solo ¿o no es cierto?

Hay mucha diferencia entre la soledad y el estar a solas con Dios, con lo divino, con lo sagrado… pero eso lo veremos mañana.

 

Alma Delia Martínez Cobián. Domingo 12 de Abril de 2020, Día de Pascua. CDMX, durante la cuarentena sanitaria mundial.

* Los 7 primeros párrafos que aparecen entre comillas son un extracto y edición al artículo escrito por Heidi Kleinsmith Salter, y publicado en el número de Abril de 2020 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana.

 

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