Por qué el asesinato de George Floyd desató multitudinarias protestas raciales en E.U.

“No puedo respirar” es desde hace años el doloroso grito de los afroamericanos que estalló con la escalofriante muerte de Floyd, grabada en vivo y en directo.

 

Avaaz continúa reuniendo firmas para exigir que termine el racismo policial en Estados Unidos.

 

Las tensiones raciales que siempre han existido en Estados Unidos hicieron violenta erupción a lo largo y ancho del país tras el brutal asesinato, en vivo y en directo, de un afroestadounidense a manos de un policía blanco.

 

El corazón de los disturbios fue en Mineápolis, Minesota, el lugar donde ocurrieron los hechos y una agitada turba de manifestantes incendió el jueves 28 de mayo en la noche una estación de policía. Los choques dejaron un muerto y varios heridos.


Pero las protestas se extendieron por todo el país. 
Desde Washington D.C. hasta Nueva York, Detroit, Phoenix, Louisville y muchas ciudades más

 

El asesinato de Floyd ocurrió el lunes 25 de mayo hacia el final de la tarde, cuando la policía de la ciudad acudió al llamado de un establecimiento donde, al parecer, alguien había utilizado un billete falso para hacer una compra.

En las inmediaciones se encontraba George Floyd, un afroestadounidense de 46 años que se ajustaba a la descripción que dieron los dueños del local sobre el delincuente.

La policía arrestó a Floyd y le esposó las manos por la espalda. Luego, y nadie sabe exactamente por qué, uno de ellos –Derek Chauvin– lo puso boca abajo contra el piso y colocó una rodilla sobre el cuello del afroamericano.

Lo que siguió fueron 10 escalofriantes minutos que se conocieron porque una transeúnte grabó el momento y lo distribuyó a través de Facebook Live.

 

“No puedo respirar, no puedo respirar”, imploraba Floyd mientras el policía hacia caso omiso de sus súplicas. Ninguno de los otros tres uniformados que se encontraban con Chauvin intentó detenerlo, aunque varias personas que estaban presentes les advertían que lo estaban matando.

Floyd, que ni siquiera mostraba signos de resistencia, dejó de hablar y fue cerrando los ojos mientras su vida se extinguía en presencia de todos. El policía solo retiró su rodilla diez minutos después, cuando llegó la ambulancia. Pero Floyd ya estaba muerto.

 

El video se tornó viral en instantes, y miles de personas salieron a las calles al día siguiente para protestar.

 

Jacob Frey, alcalde de la ciudad, destituyó de inmediato a los cuatro policías y prometió una exhaustiva investigación. Pero su medida no aplacó los ánimos. Los manifestantes comenzaron a reclamar el arresto de los implicados y la emprendieron contra la estación de policía donde trabajaban los uniformados.

Inicialmente, las protestas fueron pacíficas. Pero éstas se tornaron violentas cuando las autoridades comenzaron a disparar balas de goma y gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes. El jueves 28 de mayo, durante el tercer día de disturbios, Frey ordenó la evacuación de la delegación policial cuando estaba a punto de caer en manos de la turba y ya ardía el fuego.

 

La violencia se propagó con rapidez a otras ciudades del estado, como St. Paul, donde miles se tomaron el centro, causando destrozos. Y escenas similares se estaban registrando en otras ciudades del país como en Louisville, Kentucky, donde siete personas resultaron heridas en un enfrentamiento entre los manifestantes y las autoridades locales. Algunos, además, han aprovechado la confusión para saquear almacenes y negocios.

 

Racismo policial

 

Pese a lo impactante que fue el asesinato de Floyd, la rabia de los manifestantes también es producto de la acumulación de una serie de casos recientes de brutalidad policial y racismo que ya tenían a la comunidad al borde del estallido. Entre ellos, el caso de Breonna Taylor, una enfermera de 26 años que fue asesinada por la policía de Louisville, al parecer por error.

Taylor se encontraba durmiendo en su apartamento cuando las autoridades irrumpieron de manera violenta en la mitad de la noche, buscando a un supuesto narcotraficante. Su novio, que se encontraba en el recinto, reaccionó con una arma pensando que se trataba de delincuentes. La policía respondió con más de 20 disparos que acabaron con la vida de Taylor. Luego se supo que el narcotraficante ya había sido arrestado y ni siquiera vivía en el mismo edificio.

 

Mucho impacto también causó la muerte de Ahmaud Arbery, un joven de 25 años que fue asesinado en febrero de este año en Georgia cuando trotaba por las calles de un barrio donde residen en su mayoría personas de raza blanca. Dos de ellos, uno expolicía, salieron a perseguirlo porque pensaron que se había robado algo de una casa que estaba en construcción. Al confrontarlo, uno le disparó. Arbery, se supo después, no estaba armado ni se había robado nada. Pero los hombres no fueron arrestados hasta hace un par de semanas, cuando circuló el video.

 

Estos casos, pero en particular el de Floyd, avivaron el resentimiento que aún existe por las muertes de otra serie de afroestadounidenses en el 2014 que también terminaron en violentos disturbios. La de Eric Gardner, en Nueva York, y la Michael Brown, en Ferguson, Misuri.

 

Garner fue asfixiado por un policía blanco que lo arrestó por vender cigarrillos en la calle sin autorización. De hecho, sus últimas palabras fueron las mismas que Floyd: “No puedo respirar”.

Brown, de 18 años, fue acribillado por otro policía con el que tuvo un altercado previo.

Ambos casos dieron vida al movimiento #BlackLivesMatter,que desde entonces viene usando la protesta social para exigir cambios en la conducta policial.

 

Trump aviva el fuego

 

El viernes 29 de mayo, el presidente Donald Trump le echó más fuego a la hoguera con una serie de polémicos tuits que fueron rechazados hasta por integrantes de la extrema derecha.

 

Trump no sólo catalogó a los manifestantes de “hampones”, sino que amenazó con lanzar una “intervención militar” si las autoridades locales no controlaban la situación. Más delicado aún, utilizó una frase atribuida a Walter Headley, un polémico policía de la década de los 60 que amenazaba con dispararles a los manifestantes si comenzaban a robar.

 

“Estos hampones están deshonrando la memoria de George Floyd, y no permitiré que esto suceda. Cualquier dificultad y asumiremos el control, pero cuando comienza el saqueo comienza el tiroteo”, dijo el presidente citando a Headley en su cuenta en Twitter. La red social, casi de inmediato, bloqueó el tuit del presidente por considerar que estaba “incitando a la violencia”.

 

El presidente aclaró luego que la frase sólo indicaba que una cosa puede conducir a la otra, pero que no era una amenaza.

 

Pero lo que sí hizo fue imprimirles un matiz político a las manifestaciones cuando acusó de “débil” y “radical de izquierda” al alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, que es demócrata.

 

Luego, para matizar, dijo que había hablado con los familiares de Floyd: “Gente excelente”, dijo en la Casa Blanca. “Entiendo el dolor, entiendo el dolor. Estas personas realmente han pasado por mucho. La familia de George tiene derecho a la justicia, y la gente de Minnesota tiene derecho a vivir a salvo”.

 

Obama y Biden

 

Joe Biden, el candidato demócrata para las presidenciales, asumió una posición más moderada al pedir a los manifestantes ejercer sus derechos de manera pacífica y con calma, pero reconociendo que su malestar está justificado en un país que aún no supera el legado de racismo y opresión. Y también hizo una velada crítica a Trump, aunque sin mencionarlo: “Ahora no es el momento de alentar la violencia”, dijo. “Necesitamos un liderazgo real, un liderazgo que conduzca al diálogo”. También denunció la “herida abierta” del “racismo institucional” en Estados Unidos.

 

El expresidente Barack Obama, el primer afroestadounidense en llegar a la Casa Blanca, dijo compartir la “angustia” de millones de personas por la muerte de Floyd. El racismo “no debería ser ‘normal’ en los EE. UU. de 2020”, dijo.

 

 

El viernes 29 de mayo, en horas de la tarde, Chauvin fue puesto bajo arresto tras ser acusado de asesinato en tercer grado y homicidio involuntario. Según la legislación de Minesota, el tercer grado se refiere al hecho de causar la muerte de manera no intencionada a través de un acto eminentemente peligroso. Puede dar una pena no mayor de 25 años.

 

Avaaz continúa reuniendo firmas para exigir que termine el racismo policial

 

La reconocida plataforma de participación social lanzó una campaña de recaudación de firmas “para ponerle fin a los asesinatos y honrar a todos aquellos y aquellas que hemos perdido”.

 

En el documento para el cual Avaaz  está solicitando firmas, se puede leer: “El racismo aumenta en complicidad con el silencio. No nos quedaremos callados. El racismo es un problema que nos pertenece y nos golpea a todos. Es una lucha conjunta.”

 

Y añaden: “no podemos permitir que esta lucha se transforme en odio, porque así no encontraremos la sabiduría para cambiar los corazones que queremos tocar. En palabras del Dr. Martin Luther King: “La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad: sólo la luz puede hacerlo. El odio no puede expulsar al odio: solo el amor puede hacer eso”.

 

“Es con este espíritu que hacemos un llamamiento a todas aquellas personas con el poder, a que actúen YA y que comprometan al presidente Trump y a todos los gobiernos estatales y locales en EE.UU, a:

 

  • Asegurar que todos los oficiales involucrados en el asesinato de George Floyd surtan el debido proceso legal,
  • Expulsar y enjuiciar a oficiales por, incluso, un solo incidente de fuerza excesiva o por no intervenir cuando la fuerza excesiva ha sido utilizada,
  • Garantizar que cada asesinato policial sea investigado de forma independiente y transparente.”

 

Y concluyen con un “Descansa en paz, George Floyd. No será en vano.”

 

Si desean sumar su firma a este llamamiento de Avaaz pueden hacerlos dando CLICK AQUÍ.

 

Edición a la nota escrita por Sergio Gómez Maseri y publicada el 30 de mayo en el diario El Tiempo; así como a la información de la campaña de Avaaz.

 

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