Para evitar otro 19S, necesario es aprender el mensaje de la obra “Donde los mundos colapsan”

“Perdón, perdón, perdón” suplica la protagonista de la emotiva y motivadora obra de teatro que volví a disfrutar la semana antepasada, esta vez en Tijuana…

En esta escena culminante, justo cuando todo está a punto de colapsar, “la mujer de furia” pide perdón por haber cometido el error de dejar escapar su ira, lo que dio pie al desastre circundante que literalmente la aplasta: siete pisos del edificio donde se encontraba, que se derrumbaron tras el Terremoto del 19S del 2017…

 

Esto es ficción, enmarcada en un suceso real, pero ¿y qué tal si lo “ficticio” pudiera explicar la realidad de los hechos?

“La realidad supera la ficción”, lo hemos escuchado muchas veces. ¿Pero qué tal si la realidad fuera provocada por lo ficticio, es decir, por lo que no es real?

“La mujer de furia”, sabedora de su inmenso poder sobre lo externo, le promete a sus ancestros, representados todos en su abuela, que permanecerá vigilante para no perder los estribos y provocar con ello consecuencias indeseables.

Pero al final, no puede controlarse, y entonces sobreviene el castigo, autoimpuesto, generado por su propia imprudencia.

¿Y SI TODOS FUÉRAMOS COMO ESTA “MUJER DE FURIA”?

¿Y si tod@s tuviéramos ese mismo poder sobre lo externo?

¿Y si tod@s, o la inmensa mayoría, juntáramos ese inmenso poder en un mismo espacio-tiempo?… ¿No serían las consecuencias desastrosas y de una mega magnitud?

… pues este es precisamente el mensaje que rescato de la obra “DONDE LOS MUNDOS COLAPSAN”, y es precisamente el fundamento en donde se inspiró el poema que al final compartiré, recordando los acontecimientos que viví el 19S del 2017 –y es también el fundamento que me rescató “milagrosamente” de consecuencias desastrosas-…

“Cada quien habla como le fue en la feria”, esto lo hemos escuchado mucho y estamos de acuerdo en ello.

En lo que a mí respecta, en ese sentido y literalmente gracias a Dios, yo sólo tengo recuerdos amables de este suceso, de este “desastre”, que misteriosamente volvió a repetirse en la misma fecha, pero 32 años después.

Es el día en que conocí y conviví con la mayoría de mis vecinos.

Es el día en el que las muestras de genuina preocupación, los gestos de aprecio, la expresión de la amorosa solidaridad brotaron alrededor y se podía incluso “oler” en el aire, “palpar” en el ambiente, en las entrañables imágenes de la oleada de jóvenes inundando las calles para ofrecer ayuda.

“El amor estaba en el aire”, como dice esa canción en inglés que antes me hubiera parecido cursi… pero sí, lo amoroso se podía respirar por todos lados, aún en medio y muy por encima de la oscuridad circundante, provocada por el apagón que duró muchas horas, hasta muy entrada la noche.

Aún en la oscuridad, y mucho más ahí, pude ver lo amoroso en mi vecina de enfrente, que hasta entonces no me había visitado pero que ahora tocaba a mi puerta para regalarme un enorme cirio, luego de que me escuchó pidiéndole a Tere, mi vecina de arriba, una botella para colocar ahí la pequeña vela que conseguí en uno de los abarrotitos que permanecieron abiertos hasta muy tarde, precisamente para seguir dando servicio a quienes buscaban “luz”.

Este día aparentemente oscuro, pude ver la luz, pude conocer la luz detrás de la oscuridad de las historias que -amorosamente pero disfrazadas de temor y de horror- me compartieron mis vecinos, mis compañeros de “tragedia”.

Este día conocí a la Sra. Aroma.

Este día supe de sus tragedias. Supe de todas las tragedias de las que era sobreviviente.

Este día supe que era sobreviviente no únicamente del Cáncer que invadió sus senos, sino fundamentalmente sobreviviente de otro Cáncer mucho más agresivo, y mucho más peligroso, precisamente porque nadie lo diagnostica como una enfermedad y por lo tanto, nadie dice que hay que curarse de ella ni mucho menos que hay que buscar entre todos una cura.

Me refiero al Cáncer del rencor.

Me refiero al Cáncer del resentimiento.

Me refiero al Cáncer de re-sentir, una y otra vez -la mayoría de las veces inconscientemente-, y de muchas formas -la mayoría de ellas imperceptibles-, todo el dolor que, de tanto re-sentirlo, termina por convertirse en un sufrimiento “normal”, cotidiano, natural.

¿QUIÉNES NO HEMOS PASADO POR ESTO? ¿QUIÉN NO SIGUE PASANDO POR ESTO?

Pero creemos que algunos de nosotros tienen “razones de peso”, es decir, mucho más “pesadas”, mucho más “duras”, para que lo pasajero del dolor no sea pasajero y se quede con ellos –en su consciente o su inconsciente, da lo mismo- y se convierta entonces en sufrimiento constante y cotidiano –consciente o inconsciente, da lo mismo-.

La Sra. Aroma escapó de uno de los muchos campos de concentración que en la Segunda Guerra Mundial construyó Hitler -ese demente que ahora parece haber reencarnado en Trump, pero esa es otra historia-.

Ella, junto con su mamá y sus hermanos, lograron salir no nada más de esa prisión sino de su país, convertido en una amenaza, sobre todo para quienes, como su papá, vivían y promovían un estilo de vida contrario al imperante, al del imperio en boga en ese entonces, al de los “nazis”, como se nombraban a sí mismos, con orgullo, los de la “raza aria”, creyendo que eran “los elegidos de Dios”, los señalados por ese su dios para vivir por encima de todos los demás, torturándolos y asesinándolos incluso.

Ella, siendo una niña de escasos años, salió de España para refugiarse en México, en la capital, en el Distrito Federal, como le llamaban antes.

Ella sobrevivió los horrores de aquellos campos de concentración. Ella abandonó esa espantosa realidad.

Pero no abandonó el espanto ni el horror. Los trajo consigo. Los guardó. Los acumuló. Hasta que finalmente terminaron por invadir otra vez su vida, su mundo, aquí en otro mundo.

Aquí en otro mundo, en otra realidad, volvió a ser presa del dolor una vez más.

Hasta que, harta ya de las consecuencias, harta del sufrimiento consecuente ante un dolor que se “atesora”, que se aprisiona, que no se deja ser lo que es: un dolor pasajero, buscó liberación en algo fuera de este mundo.

Y encontró la liberación.

Pudo liberarse finalmente, saliendo no nada más del mundo, ni mucho menos del país, sino de este mundo que construimos todos juntos.

Este mundo forjado a base de odio, de desprecio, de rechazo por el otro, por lo otro, por los otros, por esos a quienes consideramos “pecadores imperdonables”, criaturas defectuosas imposibles de corregirse ni ser corregidas, con amor, con compasión, con aprecio… con el aprecio y la compasión de quienes saben que todos formamos parte de una misma humanidad y, por lo tanto, nuestra propia humanidad, nuestro propio ser, amable y amoroso, se ve afectado por nuestras propias acciones, nacidas de nuestras propias decisiones.

Pero afortunadamente, por el infinito eterno amor de ese Todo del que todos formamos parte y del que todos somos imagen y semejanza, se trata siempre de nuestras propias decisiones y, por lo tanto, podemos siempre elegir de nuevo.

La Sra. Aroma eligió lo amoroso, lo verdaderamente amoroso, lo amorosamente verdadero, y comenzó a liberarse de lo prolongadamente doloroso.

Pero yo había estado siendo testigo de otros que seguían atestiguando en favor del sufrimiento.

Días antes de conocer la historia redentora de la Sra. Aroma, yo había estado siendo testigo de otros que seguían atestiguando en favor del desprecio, del rechazo, del ataque a nuestro verdadero Ser, a lo que somos todos, a lo que es todo, a lo que es el Todo del que todos formamos parte y del que somos semejantes todos.

Yo había sido testigo de quienes seguían atestiguando en contra de su semejante, de sus semejantes.

Y por supuesto que, cuando llegó el “desastre” en forma de terremoto, concluí que simplemente se trató de la culminación, es decir, del punto culminante, del punto máximo en el que el sufrimiento ya no puede soportarse, y entonces explota el dolor… para liberarse y dar a otros, así, la misma oportunidad del alivio, del respiro, de ese momento, precioso y preciado, en que podemos y nos vemos obligados a tomarnos un tiempo para parar y decidir si realmente queremos seguir por el camino por donde vamos.

Concluí que simplemente había una gran necesidad de perdonarnos por el error de estar cometiendo desde hace bastante tiempo, y entre todos, “la injusticia mayor”, la de más grandes consecuencias: negarse a dejar de cometer la injusticia de enjuiciar y condenar a nuestro semejante, a nuestros semejantes.

Concluí simplemente esto:

HAY QUE PEDIR PERDÓN POR “LA INJUSTICIA MAYOR” PARA EVITAR CUALQUIER OTRO DESASTRE.

“Aprende ahora, sien dejarte abatir por ello, que no hay ninguna esperanza de encontrar respuesta alguna en el mundo, había leído justo esa mañana del terremoto, en la Lección Teórica diaria de “UN CURSO DE MILAGROS”, titulada “La verdadera alternativa”.

“Perdónate a ti mismo tu locura, y olvídate de todas las jornadas fútiles y de todas las metas sin objetivo. No significan nada. No puedes dejar de ser lo que eres”, abundaba más adelante.

“Dios es mi refugio y mi seguridad”, fue el ejercicio diario correspondiente a ese día, día 261 del 2017… así que cuando inició el terremoto, yo me puse a repetir, a poner en práctica, con una tranquilidad ajena en mí y en mi mundo, esa frase de verdad iluminada, de verdad elevada, de verdad trascendental… y la verdad efectivamente me hizo libre.

La verdad inyectada en mi inconsciente, mediante la repetición consciente y afanosa, me liberó, o mejor dicho, me inoculó, es decir, me “vacunó”, me hizo inmune a los efectos, a las consecuencias, a los síntomas…

Pude así “milagrosamente” experimentar lo que mis vecinos describieron como una fuerte sacudida que a algunos incluso los azotó contra las paredes, como un simple e inofensivo “zangoloteo” que luego -ante la fuerza de los comentarios compartidos por mis vecinos, y de los panoramas de vidrios rotos y edificios resquebrajados que pude ir viendo, y que me distrajeron de mi “letanía iluminada”-, se transformó en un leve mareo, que continuó varios días después, algunas veces por estrés, pero la mayor parte del tiempo porque el piso estaba moviéndose efectivamente.

CONCLUÍ QUE LA VERDAD ES VERDAD, Y VERDADERAMENTE LIBERADORA

Reconocí y acepté que “Tu seguridad reside en la verdad, no en las mentiras”, tal como afirmaba la introducción a la lección de ese día, titulada “¿Qué es el cuerpo?”, y que concluye afirmando “Identifícate con el Amor de Dios, y hallarás tu Ser.”

Concluí entonces con este poema, que ahora finalmente les comparto, y que escribí unos días después del Terremoto del 19 de Septiembre de 2017…

 

LA INJUSTICIA MAYOR

Con aroma a Aroma… y dedicado a ella

 

Lo amoroso es lo que reina
aquí
y ahora
y siempre,
por encima y más allá
de lo que los limitados sentidos
de mi cuerpo,
limitado,
siempre,
limitado,
se limitan
siempre
a reportarme…

Que me eleve yo de ellos
que crezca
en conciencia
para no cometer
inconsciente
la injusticia mayor
y generalizada
de condenar los cientos,
los miles,
los millones
de gentilezas
y gestos amorosos
al olvido
y lapidar,
así,
de golpe,
en un juicio
–sin juicio—
mi propia humanidad
que aunque ignorada
y desdeñada
comúnmente,
por siempre permanece firme
en darme su nombre
y apellido
y abogar por mí
como parte de una familia
inmensa
y amorosa
inmensamente
amorosa

siempre

amorosa

 

Que me pongan,
pues,
mi verdadero nombre y apellido
para que quede constancia
a los que vienen
y a los que seguirán viniendo
que por encima
de los olvidadizos,
los confundidos—enceguecidos–extraviados
seguimos siendo humanos
y amorosos
siempre
amorosos
hijos
herederos
de un Padre-Madre
Supremo
Todo
Poderoso
y Amoroso
siempre
amoroso
puro Amor puro
pura energía pura
indestructible
y sólo-constructiva por los siglos
de los siglos
y hasta el final del tiempo
siempre
a tiempo
siempre

siempre

 

a tiempo.

 

24 de Septiembre de 2017
En CDMX
(…antes de una segunda réplica
del sismo del 19 de Septiembre…
justo el día {266}cuando la Lección
correspondiente de UN CURSO DE MILAGROS *
nos asigna la tarea: No te permitas olvidar tu “santo Origen”
tu santo nombre y apellido.)

AlmaMartínezCobián

 

FOTO DEL ENCABEZADO: Tomada por Paco “Flako” Mufote, actor, director y dramaturgo tijuanense con quien acudí a disfrutar por segunda ocasión “Donde los mundos colapsan”, de Adrián Vázquez, protagonizada por Silvia Navarro y Osvaldo Benavides, en el Teatro del CECUT (Centro Cultural Tijuana), el pasado Martes 11 de Septiembre, fecha en que se rememora el 11S, es decir, cuando las Torres Gemelas de Nueva York colapsaron.

 

* Si desean conocer UN CURSO DE MILAGROS, pueden visitar la Página de Facebook Un Curso de Milagros diario. Ahí estoy compartiendo diariamente el estudio y la práctica de la Lección Teórica, junto con el Ejercicio del día, así como algunos poemas reflexivos inspirados en este libro, editado por la Fundación para la Paz Interna y dedicado a proporcionarnos entrenamiento mental en psicología espiritual o espiritualidad práctica.

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Y PARA QUIENES QUIERAN ASISTIR A VER LA OBRA EN CDMX: Den click aquí, plis: Calendario de eventos (Evento destacado)

2 Comments

  • Laura Brun dice:

    Que bello texto, escrito de forma ligera y amorosa, lleno de sensibilidad y verdad, llega al corazón y al espíritu. Gracias por escribirlo, Alma Delia y por mostrármelo. Felicidades. Sigamos trabajando en el amor, desde el amor. Gracias, gracias, gracias.

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