No debemos sufrir de anemia, sino gozar de “animia”

Reflexión para leerse acompañada del hermoso estribillo “Cielo, estoy en el cielo” (Heaven, I´m in heaven), de la canción de Irving Berlin, cantada por Fred Astaire…

Así nos recordaremos, una y otra vez y todas las veces que sean necesarias, que todas las complicaciones, las dificultades, los imprevistos, los conflictos, en fin, todas las contrariedades a lo amoroso son simplemente eso: contrariedades.

Contrariedades que nuestras propias mentes han fabricado.

Es decir que nada ni nadie nos ha “mandado” o nos ha impuesto tales contrariedades, sino que son simplemente, lógicamente, el resultado lógico de nuestra creencia en que es posible que exista algo contrario al Amor, que es lo único que existe verdaderamente, pues es lo único que existe eternamente, infinitamente, y por lo tanto, lo abarca todo y está en todo.

¿O es acaso posible que exista algo más allá del Todo?

¿Es acaso posible que haya algo más grande, más poderoso, que aquello que es Todo y por lo tanto es Todopoderoso?

Y entonces, ¿es acaso posible que ese Todopoderoso sea algo más que Todoamoroso? ¿Es acaso posible que aquello que no puede ser destruido y ni siquiera dañado en modo alguno, pueda atacar o tan siquiera defenderse?

La mansedumbre es la característica de aquello que es eternamente invulnerable entonces.

La paz y la dicha son lo único que puede sobrevenir de este Todo entonces.

¿Y no es acaso lógico que todos formamos parte de este Todo que es puro poder, puro poder amoroso?

¿Y no es acaso lógico que si todos formamos parte de este Todo, nosotros somos un reflejo de todo ese amoroso poder amoroso?

Imagen y semejanza. Sí.

Imagen y semejanza de todo lo amoroso del Todopoderoso que es también Todoamoroso.

Todos, sin excepción, sin condición, sin limitación, todos y todo formamos parte de este Todo, poderoso y amoroso, al que algunos nombran Dios.

Pero los nombres no importan.

Importa lo amoroso que proviene de ese nombre.

Importa vivir, experimentar, demostrar y mostrar, enseñar, compartir todo lo amoroso que proviene del Todopoderoso que es también Todoamoroso.

Esto y únicamente esto es lo que importa.

De esto depende que vivamos lo amoroso y nada más lo amoroso en nuestros propios mundos, a los que les damos forma con los pensamientos que elegimos albergar y de esta manera cultivar.

De esto depende que ayudemos a este mundo, que entre todas nuestras mentes –creyentes en la separación—hemos fabricado, a transformarse cada vez más en un reflejo de todo lo amoroso del Todo, amoroso y poderoso, en el que verdaderamente vivimos verdaderamente.

¿Y no es acaso esto el paraíso, el Cielo?

¿Y no es acaso el Cielo un lugar en donde lo único que se puede experimentar, vivir, es lo eternamente amoroso, lo amorosamente eterno?

El Cielo es eternamente amoroso y amorosamente eterno entonces.

El Cielo ya es entonces.

El Cielo ya es, eternamente, infinitamente, aquí y ahora, mañana y siempre, en todo lugar y en toda circunstancia.

El Cielo ya es y es donde vivo, donde verdaderamente vivo, donde verdaderamente vivo verdaderamente, todo el tiempo, todo el día, todos los días, cada día, y hasta des-hacer los días.

Así que sí, efectivamente, venturosamente, afortunadamente, como dice la canción de Irving Berlin: “Cielo, estoy en el cielo”…

Así que ¡ánimo!, dejemos de padecer de anemia, de debilidad, de desánimo, mejor gocemos de “animia”, gocemos de ánimo, de infinito-eterno ánimo y bailemos animosamente al compás de la verdad, de la amorosa verdad…

“Cielo, estoy en el cielo”…

Fred Astaire cantando y bailando EN EL PARAISO

 

AlmaMartínezCobián

Martes 23 de Octubre, cuando la lección de UN CURSO DE MILAGROS correspondiente al día de hoy es “El Espíritu Santo habla hoy a través de mí”.

 

Si quieren conocer o adentrarse más en UN CURSO DE MILAGROS, les invito a visitar la página en Facebook Un Curso de Milagros diario, donde todos los días comparto el estudio y la práctica de las lecciones diarias correspondientes, del Libro de EJERCICIOS de este Libro, editado por la Fundación para la Paz Interna. ¡Me dará mucho gusto que me acompañen en el aprendizaje!

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