Masacre en Texas: los alcances de la xenofobia

La masacre de El Paso, Texas del pasado 3 de agosto (una más a las que nos tienen acostumbrados en los Estados Unidos), en la que murieron 20 personas y 26 resultaron heridas (tres mexicanos muertos y siete heridos), no es más que el corolario y consecuencia lógica del clima de violencia, xenofobia, odio racial y desquiciamiento psicológico de una sociedad enferma…

 

AL FILO DE LA NAVAJA
Por Raúl Ramírez Baena *

 

Los acontecimientos políticos sucedidos en las últimas fechas, como las llamadas “Ley Bonilla” en Baja California y “Ley Garrote” en Tabasco, han ocupado los principales titulares en los medios, convirtiéndose en trending topic y hashtags en las redes sociales, opacando al fenómeno migratorio en el país, cuyo desarrollo está lejos de resolverse de manera favorable a los derechos de las personas en contexto de migración, que sobreviven en condiciones de extrema vulnerabilidad.

La masacre de El Paso, Texas del pasado 3 de agosto (una más a las que nos tienen acostumbrados en los Estados Unidos), en la que murieron 20 personas y 26 resultaron heridas (tres mexicanos muertos y siete heridos), no es más que el corolario y consecuencia lógica del clima de violencia, xenofobia, odio racial y desquiciamiento psicológico de una sociedad enferma.

Las primeras investigaciones policiales arrojan que el multiasesino poseía un manifiesto con evidentes motivos raciales, lo que, de ser así, corroboraría un crimen de odio más.

 

Días antes de la masacre, la Casa del Migrante en Torreón denunció el crimen de un migrante hondureño a manos de la fuerza pública local, resultado no de un hecho aislado, sino de toda una política de criminalización en contra de los migrantes centroamericanos. Los oficiales persiguieron y dispararon contra un grupo de migrantes, entre ellos familias con menores, que habían dejado el albergue para intentar llegar a la frontera con Estados Unidos.

Una vez denunciados los hechos, la fiscalía de Coahuila anunció, primero, que los migrantes agredieron verbalmente a los policías y que un migrante sacó un arma de entre sus ropas realizando disparos, por lo que fue repelido y abatido.

Al día siguiente, la versión oficial cambió: “la Policía Investigadora dio con las personas que buscaban [es decir, narcotraficantes], quienes iniciaron una confrontación y posteriormente huyeron iniciando una persecución con los disparos que eventualmente pudieron quitarle la vida a Marcos, el migrante hondureño y padre de una menor de ocho años que presenció los actos”

¿Es muy difícil entender que los migrantes indocumentados invariablemente corren ante la presencia de uniformados para evitar la detención?

Este caso fue denunciado por ONGs de apoyo a migrantes, que exigen “un alto inmediato a la persecución de las personas en situación de movilidad: familias, niñas, niños y adolescentes no acompañados, así como de abstenerse de realizar sobre ellas tratos crueles e inhumanos y esto sea utilizado como medidas de contención como resultado de la actual política migratoria mexicana y que tiene por objetivo evitar a toda costa que las personas hagan efectivo su derecho humano de solicitar asilo en EE. UU.”

Los directivos de las Casas del Migrante en Saltillo y en Tijuana han denunciado un fuerte hostigamiento y vigilancia por parte del Instituto Nacional de Migración (INM), la Guardia Nacional, el Ejército y autoridades locales, quienes han intentado realizar operativos de verificación de identidad y de revisión de pertenencias de los migrantes en el interior y el exterior de los refugios.

La Casa del Migrante de Saltillo ha denunciado, incluso, la separación de menores de sus padres.

El cuadro anterior, aunado a la persecución, detención, deportación y hacinamiento, por semanas, de haitianos y africanos en las estaciones migratorias en la frontera sur de México, completa un cuadro de violación a los derechos de los migrantes, que ha merecido un serio extrañamiento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos emitido la semana pasada:

“La CIDH ha observado que, como respuesta a esta situación, los Estados Unidos y México han venido implementando políticas y prácticas de manera conjunta en materia de migración y asilo, las cuales están teniendo impactos directos en los derechos humanos de migrantes, solicitantes de asilo y refugiados (…) La Comisión observa que estas políticas son contrarias a obligaciones en materia de derechos humanos, en particular en lo que respecta al derecho a solicitar y recibir asilo, el principio de no devolución, dado que, entre otros, exponen a estas personas a numerosos riesgos, que incluyen la extorsión, el secuestro y otros actos de violencia a manos de organizaciones criminales y delincuentes comunes que se encuentran en las zonas en las que están siendo devueltas estas personas, así como a la falta de acceso a servicios de asistencia básica.”

A consecuencia de obedecer la política xenófoba norteamericana, México viola constantemente los derechos humanos de los migrantes nacionales y de los refugiados extranjeros en el país, arrojándolos a manos del crimen organizado, siendo víctimas de extorsión, secuestro, violación y homicidio, y obligándolos a cruzar a los Estados Unidos por zonas en extremo peligrosas.

El Presidente López Obrador prometió que, en la 4T no se violarían los derechos de los migrantes, pero en los hechos esta promesa no se ha concretado. Quizá el Presidente esté mal informado o piense que las violaciones a los derechos humanos son sólo las torturas o la desaparición, y que evitando éstos no habrá entonces violación a los derechos humanos.

La xenofobia no se manifiesta sólo en el simple rechazo a los extranjeros, sino en desarrollar fuertes sentimientos de odio entre la población como consecuencia de una política global de Estado impuesta por las superpotencias, excluyente y criminalizante que incita al racismo, la discriminación y la violencia física y verbal contra los inmigrantes, incluido el homicidio… a pesar de las cínicas condolencias emitidas por Trump tras la masacre de El Paso.

 

* Raúl Ramírez Baena  es Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, y colaborador de Bitácora Cultural desde hace más de 10 años.

 

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