Desigualdad, ¿un virus peor que el COVID-19?

Mientras esta pandemia puso en evidencia la abismal brecha de riqueza en el mundo, por otra parte, la hiperconectividad parece que predominará en nuestras vidas por largo tiempo.

 

La promesa del siglo XXI de que la humanidad se encuentra en la senda hacia la igualdad parece desvanecerse para muchos durante la cuarentena…

 

La existencia de la abismal brecha de riqueza en el mundo no es nueva, de hecho, desde el 2018 la organización Oxfam advirtió que el 1 % más rico del mundo posee la mitad de las riquezas en el mundo. El virus, sin embargo, la puso en evidencia en una de sus formas más viscerales y crudas.

 

Al ser preguntado al respecto por el medio brasileño Gauchazel filósofo camerunés Achille Mbembe afirmó: “Este sistema neoliberal siempre ha funcionado con un aparato de cálculo: la idea de que alguien vale más que otros y los que no tienen valor pueden ser descartados. La pregunta es qué hacer con aquellos que hemos decidido que no valen nada. Esta pregunta, por supuesto, siempre afecta a las mismas razas, las mismas clases sociales y los mismos géneros”.

 

Las palabras del filósofo podrían no estar muy lejos de la realidad. A principios de este mes una conversación televisada entre Camille Locht, un investigador del Instituto Francés de Investigación Médica (Inserm) y Jean-Paul Mira, el jefe de servicio de un hospital de París en la cadena LCI, provocó una ola de indignación cuando insinuaron que estaría bien realizar pruebas de vacunas en ciudadanos africanos, dado que en ese continente no hay equipo médico suficiente, como en otros lugares.

 

Una de las voces que manifestó su rechazo fue Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la Organización Mundial de la Salud (OMS): “Este tipo de declaraciones racistas no hacen avanzar nada. Se oponen al espíritu de solidaridad. África no puede ser y no será un terreno de pruebas para ninguna vacuna”.

 

Queda claro, además, que tener un techo bajo el cual resguardarse es un lujo que solo una parte de la población mundial se puede dar. En Estados Unidos, según un informe del gobierno de ese país citado por la Universidad de Yale, se estima que por lo menos 150 millones de personas, es decir, el 2 % de la población mundial, no tienen hogar. Este grupo de los llamados “sin techo”, son extremadamente vulnerables frentes al virus y, lastimosamente, un transmisor potencial.

 

Por eso, gobiernos de todo el mundo, incluído el de España, Estados Unidos, Francia y Reino Unido, han empezado a delimitar edificios y espacios definidos para estas personas. Y aunque los activistas han visto con buenos ojos las propuestas de los gobiernos locales para ayudar a esta comunidad en riesgo, también critican el hecho de que la asistencia solo llegara cuando el mundo enfrentó una pandemia.

 

Por otro lado, nuestra vida posiblemente será moldeada en los próximos meses por la hiperconectividad del mundo en el afán y la necesidad de relacionarnos unos con otros. Basta pensar que del 18 al 24 de marzo de este año la aplicación House Party, que permite realizar videollamadas de hasta ocho personas, acumuló 390.000 descargas solo en la GoogleStore de España. En Zoom, la otra gran plataforma de videollamadas se puede hablar con hasta 100 personas pagando el paquete más avanzado.

 

Blanca Majem, una mujer que está realizando un posdoctorado en la Harvard Medical School (Boston), explicó a El Mundo“Hay días en que tengo reuniones en Zoom que duran hasta cinco o seis horas. Todos los miércoles hacemos la Zoom Lunch Meeting, para comer todos juntos”.

 

Edición a la nota escrita por Nicolás Marín Nava, y publicada el 25 de Abril en El Espectador

 

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