De la ciencia a la espiritualidad

Así se tituló la charla que el Ingeniero Rogelio Pérez ofreció durante la conmemoración del Natalicio de Sathya Sai Baba, conocido gurú hindú, el Domingo 24 de Noviembre, en las bellísimas instalaciones de la Hacienda San Andrés, en CDMX.

 

Comenzó la charla mostrando el video donde la revista TIME le pregunta al astrofísico Neil deGrasse Tyson – famoso por ser el presentador del programa televisivo de corte educativo científico NOVA que se transmite por la cadena pública PBS– “¿Cuál es el hecho más sorprendente que puede compartirnos sobre el universo?”.

 

El video, que fue subido a Youtube en Marzo del 2012 alcanzando la asombrosa cifra de más de 12 millones de vistas, concluye con una de las famosas frases de Tyson: “No sólo estamos en el universo, el universo está en nosotros”.

Si lo quieren ver en la versión original en inglés: https://www.youtube.com/watch?v=9D05ej8u-gU

Y acá la versión con subtítulos en español:

 

 

El Ingeniero Pérez hizo luego la comparación entre la famosa frase de Tyson y lo que Sai Baba afirma en sus enseñanzas, en el sentido de que más allá de nuestra apariencia corporal en realidad somos una “chispa de la Divinidad” o “polvo de estrellas” en el infinito Universo.

Compartió después un planteamiento que sorprendentemente pertenece a Einstein, y que fue publicado en el New York Times, en donde el más famoso y respetado científico afirma:

“El ser humano es parte de un todo a lo que llamamos ‘Universo’, una parte limitada en el tiempo y el espacio.

Él se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sentimientos, como algo separado de todo lo demás, y esta ilusión de estar separado es como una prisión que nos restringe a nuestros deseos personales y al apego hacia unas pocas personas cercanas a nosotros.

Nuestra tarea debe ser liberarnos de esta prisión, haciendo más grande nuestro círculo de compasión para abarcar a todas las criaturas vivientes y toda la naturaleza en su belleza.”

Por supuesto el Ingeniero resaltó esto de “hacer más grande nuestro círculo de compasión”, y lo comparó con lo planteado por Sai Baba, en la página SaiBabadice.org:

El hombre es incapaz de comprender su verdadera naturaleza. Se identifica con el cuerpo que es transitorio… está bajo la ilusión de que es una forma individual y así se expone al sufrimiento.

El hombre de hoy debe tratar de adquirir el conocimiento del principio átmico (del Divino Ser) que está uniformemente presente en todo… Consideren a todos los seres humanos en este mundo como uno y reconozcan la unicidad de toda la humanidad.”

Ante esta última aseveración, el Ingeniero planteó la duda que comúnmente surge cuando se nos dice que “somos seres espirituales viviendo una experiencia humana”, pues por lo regular no nos experimentamos como tal, sobre todo cuando actuamos de maneras reprobables.

Aquí es donde surge entonces el añejo cuestionamiento de: “¿Quién soy?”

Si no soy ni mi nombre –porque aunque no me nombren sé que existo–, ni mi personalidad –porque mi personalidad ha cambiado con el tiempo y sin embargo sé que sigo siendo el mismo ‘yo’— ni mi cuerpo  –porque igual es muy cambiante y no obstante sé que yo permanezco—entonces la conclusión es que soy eso que “sabe”, es decir, soy consciencia.

Pero ahora, ¿dónde se encuentra esta consciencia que soy?

En el cerebro no, pues por más que lo diseccionemos, no encontraremos ahí más que masa encefálica y neuronas.

Sin embargo, en todos los caminos espirituales se nos dice que todas las respuestas a nuestros cuestionamientos existenciales están en nuestro interior. Y precisamente porque estamos esclavizados a todo lo material que percibimos con nuestros sentidos, entonces pensamos en las células, que son las que componen nuestro cuerpo.

Epigenética: la conciencia de la célula está en su membrana.

Aquí el Ingeniero puso énfasis en el hecho, comprobado científicamente, de que los átomos de los cuales están compuestos las células son fundamentalmente espacio vacío, y que sólo el .0001% es materia.

Además, mencionó el experimento realizado por varios científicos en el 2015, donde aislaron unas células y las expusieron a una sustancia tóxica y una nutritiva, y las células invariablemente elegían la sustancia nutritiva, lo cual llevó a la conclusión de que las células tienen consciencia.

Y si nuestro cuerpo está compuesto por 37 billones de células, concluyó el Ingeniero, entonces hay billones de organismos conscientes en nuestro interior que de alguna forma se pusieron de acuerdo y trabajan como un único organismo.

Ahora, esta “comunidad” de organismos conscientes en nuestro interior, afecta a la materia que hay alrededor de nuestro cuerpo.

En este sentido, pasó a referirse a ese desconcertante experimento de Física cuántica, en donde se dieron cuenta que el electrón, o sea, la parte de materia presente en el núcleo del átomo, a veces se comporta como lo que supuestamente es: una partícula, pero a veces actúa como una onda, es decir, como pura energía.

Y lo más fascinante es que llegaron a la conclusión de que es el observador, o, en otras palabras, la consciencia de quien observa, quien provoca esta manifestación.

Lo cual establece que nuestra consciencia define lo manifestado o, lo que es lo mismo, que lo inmaterial manifiesta a lo material.

Y como ejemplo compartió ese experimento que se llevó a cabo en 1994 en Washington, para bajar el índice de criminalidad reuniendo alrededor de 3700 meditadores trascendentales para que “lanzaran” pensamientos de paz y armonía sobre la ciudad, y con gran asombro constataron que durante el experimento, los crímenes y delitos violentos bajaron a un 24%.

Compartió también sobre lo sucedido durante los ataques terroristas del 11 de Septiembre en Nueva York, cuando un grupo de científicos estaban midiendo la frecuencia del campo electromagnético de la Tierra y entonces ocurre lo del derrumbe de las Torres gemelas, y descubrieron que unos días después, la frecuencia aumentó significativamente, llegando a la conclusión de que lo que había provocado este cambio, fue la enorme compasión que sentimos cuando presenciamos las conmovedoras escenas de esa tragedia.

Así que aquello de “la buena vibra se contagia” o lo de “todos somos uno” y por lo tanto debemos de comportarnos más amorosamente, más humanamente, más compasivamente, no es cosa nada más de meditadores, de religiosos o de místicos como Sai Baba, ya es algo que la propia ciencia está comprobando e incluso promoviendo cada vez más.

 

Nuestra tarea entonces, tal como lo afirma Einstein, es “hacer más grande nuestro círculo de compasión para abarcar a todas las criaturas vivientes y toda la naturaleza en su belleza” y para “el surgimiento de una nueva cultura visionaria que una vez más abarque la perspectiva cósmica. Una perspectiva en la que todos somos apropiadamente uno, sin nadie arriba ni abajo, pero sí dentro”, como dice Neil deGrasse Tyson.

 

Texto: Alma Delia Martínez Cobián Bitácora Cultural MX, Directora-Fundadora

 

–Si quieren saber más sobre el espacio vacío en los átomos y su repercusión, pueden leer “Si los átomos son mayormente espacio vacío, ¿por qué los objetos se ven y se sienten sólidos?”

 

También les puede interesar la lectura del libro “Ciencia y Espiritualidad”, del Doctor en Física Amit Goswami.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *